Desde tiempos remotos el hombre ha sentido una atracción irresistible a ir mar adentro. Sentados
en la orilla, el arrullo del agua lamiendo la arena con el mar en calma nos evoca mundos extraños habitados de sirenas.
    Ahora que hemos conquistado el mar en ruidosos barcos a motor es el momento de volver a los orígenes de la navegación, no para dominar, sino para dejarse seducir. Los barcos a vela nos permiten escuchar el silencio ancestral; nos conecta con el mundo invisible de todas las criaturas que viven bajo la superficie. Mar íntimo, libres de la contaminación lumínica que nos impide ver las estrellas. La bóveda celeste se abre ante nosotros y la sencillez del horizonte, sin los miles de detalles que nos saturan en tierra. Nos invita a limpiar la mente.


    Si además añadimos a todo esto un buen libro, una buena comida, unos buenos amigos para conversar, surcando una de las mas bellas y mejor conservadas costas del Mediterráneo occidental, tenemos todos los ingredientes para disfrutar de un viaje inolvidable.